martes, 3 de noviembre de 2015

Amanda Seyfried es actriz por no ser escuchada de pequeña

Amanda Seyfried parece casi una adolescente, aunque en diciembre cumplirá 30 años. Para ella responder preguntas sobre sí misma es algo serio. «Soy una persona honesta, es lo más importante para mí», explica. Y, además, quiere ser una estrella de verdad, una gran actriz.


Trabaja duro para conseguirlo. Ha rechazado papeles millonarios. Ha ido a terapia para superar su miedo escénico. Elige bien sus papeles. Es quizá esa determinación la que la ha convertido en una de las actrices más prometedoras de su generación: tras Mamma mia! (2007), Los miserables (2012) o Lovelace (2013), la veremos, antes de que acabe el año en De padres a hijas (el 4 de diciembre), junto a Russell Crowe, y en la comedia Navidades, ¿bien o en familia? (el 25 de diciembre). Y, desde luego, es esa determinación la que la ha llevado a ser la imagen del nuevo eau de parfum de Givenchy, «Very Irresistible».

Nada la ligaba al mundo del cine: su madre es terapeuta ocupacional; su padre, farmacéutico; su hermana mayor, veterinaria. Ella empezó como modelo publicitaria a los 11 años y a los 15 consiguió pequeños papeles en series de televisión. «Hoy no puedo imaginar la vida sin actuar», dice.

Tras 15 años de carrera, esta primavera se subió por primera vez a un escenario, en Broadway, tras superar su miedo escénico. Ha aprendido a conocerse y a desafiarse. «Eso es lo que hace a alguien irresistible de verdad afirma. La autoconfianza, sentirte segura de quién eres en tu interior. Incluso si la belleza desaparece. Eso es lo que atrae a la gente. Esa sabiduría, esa aceptación».