A Miley Cyrus, por lo que se ve, no le gusta demasiado Miley Cyrus.
En el principio de los tiempos, cuando todavía era una adolescente, Miley Cyrus fue Hannah Montana. De esa etapa provienen los discos que contienen las primeras canciones escritas por Cyrus (Meet Miley Cyrus y Breakout), pero su nombre y su imagen todavía siguen estrechamente asociados al universo Disney Channel. Después de Hannah Montana, la película, Cyrus declara: “No quiero ser una cantante en otra película. No quiero hacerlo más. Quiero hacer algo un poco más serio”. Miley se observaba y no se gustaba. Había llegado el momento de probar una nueva personalidad.
La cuarta y última temporada de Hannah Montana comienza a emitirse cuando la cantante está a punto de cumplir la mayoría de edad. Tras un par de años de infaustos escarceos cinematográficos, Cyrus regresa al mundo de la música convertida en una mujer subida a una bola de demolición.
Se viste como le da la gana, canta lo que le da la gana y baila con quien le da la gana y como le da la gana. De la imagen angelical de Hannah Montanah no quedan ni los escombros.
Por un lado, alcanza su primer número uno en la lista Billboard con Wrecking Ball y el disco ‘Bangerz’ se convierte en superventas. Pero por otro, escenas polémicas como su aparición en público fumando marihuana, la portada en Rolling Stone saliendo sin ropa de una piscina o el twerking con Robin Thicke durante una gala de los premios MTV la convierten en objetivo de innumerables críticas.







